Los castillos cátaros tienen a menudo una historia trágica, y la fortaleza de Montsegur es quizás la que más.

Más de doscientos herejes murieron por la religión cátara en la hoguera al pie del castillo el 16 de marzo de 1244. Ésta es la historia del sitio de Montsegur

Hoguera de los herejes en Montsegur

Hoguera de los herejes en Montsegur

 

El pog (pico rocoso en occitán) de Montsegur culmina a 1207 metros. La meseta mide aproximadamente unos 700 metros en su largo mas grande y su ancho varía entre 60 y 150 metros por una superficie aproximada de 5 hectáreas. Está rodeado de acantilados de entre 80 y 150 metros, con cuatro vías de acceso: La vía de la Roca de la Torre, del Pas del Roc, del Pas del Trabuco, y la vía más fácil suroeste.

Montsegur
Hacia 1230 el Obispo cátaro de Mirepoix le pide al Señor Raimon de Perelha permiso para hacer de Montsegur la capital del mundo cátaro Occitan. Veintiseis años antes el Obispo cátaro de Mirepoix había conseguido de este mismo señor la reconstrucción del viejo castrum probablemente abandonado. ¿Sospechaban ya los cátaros que necesitarían una fortaleza inexpugnable en el futuro, antes incluso del inicio de la Cruzada contra los Albigenses?

vista aérea de Montsegur

vista aérea de Montsegur

 

El caso es que Raimon de Perelha, después de una larga reflexión, acepta la petición. El nido de águila da protección a centenares de Bons Homes y Bones Femnas (Perfectos y Perfectas) y se vuelve un lugar de peregrinación. A estas alturas era evidente para el señor del castillo que tarde o temprano el castillo sería objetivo de los franceses y de sus aliados.
El 28 de Mayo de 1242 un grupo de caballeros y soldados bajados expresamente de Montsegur masacran al inquisidor Guillem Arnau y a sus asistentes franciscanos en Avignonet , dominicos y seglares. Un total de once personas pierden la vida a manos de una cincuentena de herejes, avisados previamente y ayudados por Raimundo d´Alafaro, representante del Conde de Tolosa Raimundo VII.

La muerte de los Inquisidores es la señal de inicio de la sublevación. El territorio del Razés. Termes, Albi, Nîmes, apoyan el Conde de Tolosa, que entra en Narbona en agosto de 1242. El Rey de Inglaterra se ha comprometido en acudir a su ayuda pero no ha podido superar los ejecitos del Rey de Francia y está bloqueado en Burdeos.

Raimon VII de Tolosa

Raimon VII de Tolosa

Poco a poco los aliados desaparecen y finalmente en enero de 1243 el Conde de Tolosa firma el acuerdo de paz de Lorris en el que se compromete a aceptar el tratado de Meaux, que entierra definitavemente Occitania en la Historia.
Pero la masacre de Avignonet no está olvidada para Luis IX (futuro San Luis) y sobre todo para Blanca de Castilla, reina-madre, quién ordena la destrucción de este nido de resistencia.
A finales de Mayo de 1243, el senescal Hugo des Arcis se dirige hacia el Pog. Le acompañan el arzobispo de Narbona Pierre Amiel y el obispo de Albi Durand de Baucaire (además hábil ingeniero en máquinas de guerra).

El ejercito de 6000 hombres (llegará hasta los 10000 hombres) se desplega alrededor de la montaña pero nunca conseguirá del todo aislar los defensores.

Las catapultas de los franceses no llegan hasta el castrum (pueblo fortificado que posiblemente rodeaba el castillo debajo de las murallas, “infra castrum” nos indica Guillermo de Puylaurens).

 

Trabuco de Minerve

Catapullta Malevoisine de Minerve, reproducción de un trabuco de la Edad Media.

 

Sobre este tema debemos de considerar que existen varias hipótesis sobre si el castillo actual es o no el original. La mayoría de las fortalezas “recuperadas” por el Rey de Francia después de su toma fueron reconstruidas y adaptadas posteriormente a su papel de castillo fronterizo. Sin embargo no existe ninguna evidenca de dicha reforma en Montsegur. Los testimonios posteriores recogidos por los inquisidores no mencionan destrucción alguna y sí se habla de la entrega del castillo al nuevo señor. 
La guarnición está a las órdenes del caballero faydit Peire-Roger de Mirepoix, yerno de Raimon de Perelha.
Los asaltantes no consiguen aislar a los defensores, la vida sigue en el castillo asediado, sobre todo la vida religiosa, bajo la dirección espiritual de Bertrand d´en Martí, máxima autoridad religiosa. Se habla de una comunidad de unos 300 cátaros, además de una guarnición de unos 100 hombres de armas.
Hasta octubre nada o casi nada que señalar, cuando los asaltantes consiguen hacerse gracias a un contingente de mercenarios vascos con un saliente 80 metros por debajo de las murallas y desde esta posición alcanzan con sus piedras las murallas, aunque no tanto como para derribarlas. Eso sí, la vida en el pog se vuelve más dura todavía e incómoda.

Proyectiles catapulta de Montsegur

Proyectiles de catapulta encontrados en Montsegur

 

A mediados de febrero 1244 el ejercito asaltante conquista una torre de defensa ya muy cerca de los muros de la fortaleza.

Guillermo de Puylaurens nos cuenta que fueron montañeros del lugar que guían a los soldados por un camino entre abismos que recorren de noche (y que, según ellos mismos, no hubiesen hecho de día…).
La moral decae entre los asediados de forma brusca que ya ni siquiera confían en una ayuda de Raimon VII, quién les pide aguantar hasta Pascua sin tampoco asegurar un posible rescate.
Ante la evidencia la Iglesia del Bé (Bien), decide poner a salvo su tesoro de oro, plata y monedas (pecuniam infinitum anotan las autoridades en los posteriores interrogatorios). Una noche salen del castillo los heréticos Matheus y Peire Bonet, se deslizan por cuerdas y desaparecen en los bosques del Sabartés aprovechando la complicidad de guardias originarios de Camon-Sur-L´Hers, pueblo cercano. El Tesoro, o por lo menos la parte dineraria, está a salvo.
Las catapultas funcionan sin parar, de noche como de día. Los asediados intentan una última vez reconquistar la torre cercana al castillo. Sin éxito, y muchos mueren en la refriega. Hasta las mujeres suben a las murallas para defender Montsegur del contrataque.
Ya desanimado del todo, Raimon de Perelha y Peire-Roger de Mirepoix solicitan al día siguiente iniciar las negociaciones de rendición.
Asaltantes y asediados están agotados, y las negociaciones son extrañamente fáciles. Hugo des Arcis acepta los siguientes puntos:

1- Los asediados conservan 15 días más el control de la fortaleza.
2- Obtienen el perdón por todas sus faltas pasadas, ¡incluyendo la masacre de Avignonet!
3- Los soldados se podrán retirar con armas y enseres, no sin antes comparecer ante los inquisidores para confesar sus pecados y faltas.
4- Los herejes que renuncien a su fe explícitamente sufrirán penitencias ligeras, los demás serán quemados.
5- El castillo se entregará al rey de Francia.
El 16 de marzo por la mañana, los herejes son “brutalmente” llevados encadenados al pie del pog donde les espera la hoguera.

Los interrogatorios posteriores ponen nombre y casi cara a los más de 200 herejes que suben voluntariamente a la hoguera: son Perfectos y Perfectas por supuesto, pero también simples Creyentes que recibieron el Consolamentum quizás de manos mismas de Bertrand d´en Marti.

Los caballeros Guilhem de l´Isla y Raimon de Maciliano, los soldados Raimon Guilhem de Tornabis, Brasillac de Calavelho, Arnau Dornac y su esposa Bruna, Pons Narbona y Arssendis su mujer, los voluntarios (posiblemente en busca de martirio) que entraron con gran peligro al castillo asediado en los últimos momentos Raimon de Belvís y Arnau Teouli.

Encontramos también a la esposa de Raimon de Perelha Corba, la noble Ermengarda de Usat, y Guilelma de Lavelanet, esposa del caballero Berenguer de Lavelanet.

Se les propone una última vez la salvación a buen seguro con poca convicción antes de encerrarlos en una enorme hoguera vallada, presumiblemente en el lugar llamado hoy en día “camp dels Cremats”.

Desde lo alto del castillo la guarnición asiste sin palabras al horrible espectáculo. El día siguiente tendrán que entregar la fortaleza y abandonarla definitivamente.

Pero esta última noche Raimon de Perelha ha escondido bajo tierra en el castillo tres (¿o cuatro?) heréticos: Amiel Aicart, Hugo y Poitevin (no se sabe nada del cuarto hombre que aparece en algunos testimonios).

Salen a escondidas del castillo y se esfuman en la noche. Su misión es la de conservar el secreto del escondite del tesoro y de custodiar el resto del Tesoro de los Cátaros.

Estela en homenaje a los cátaros quemados